BIOLOGÍA EVOLUTIVA DEL CÁNCER

Investigación y Ciencia, nº 366, junio de 2007

 

El cáncer consiste básicamente en alteraciones en el ADN que hacen que algunas células se reproduzcan más eficazmente que otras, las normales. Es como si fuera el resultado de una evolución darwinista en el interior de un órgano, tal y como afirmó Natalia Komarova, de la Universidad de California en Irvine. Recientemente algunos biólogos se han puesto a estudiar el fracaso de los mecanismos evolutivos que deberían haber suprimido esos genes cancerígenos desde la separación de la especie humana del resto de los homínidos hace unos seis millones de años.

• En el cáncer, la selección natural a favor de los genes que producen proteínas antitumorales como la p16 es un hecho, pero no se produce en grado extremo, puesto que entonces se favorecería una senescencia precoz. Así, en los individuos jóvenes la p16 prevendría del cáncer, pero los viejos con abundancia de células senescentes serían más vulnerables ante esta enfermedad. Esto sería el núcleo de la teoría de Judith Cambpisi, del laboratorio Nacional Lawrence en Berkeley (EEUU).

• Otra manera que tiene el cuerpo para retrasar el cáncer sería la de establecer líneas de defensa, como es el hecho de que muchoas células del colon necesitan varias mutaciones para convertirse en cancerígenas, tal como investiga Leonard Nunney, de la Universidad de California en Riverside, el cual diferencia diferentes tipos de cáncer: el de colon que se enfrenta a numerosas posibilidades de sufrir mutaciones, frente al retinoma o cáncer de ojo que predomina en los niños.

• Un caso muy interesante es el de las ventajas adaptativas que han aportado algunos genes cancerígenos. Tal es el caso del gen que determina la producción de la proteína ácido graso xintasa (FASA, del inglés “fatty acid sinthase”), gen que en su forma carcinogénica, produce mucha mayor cantidad de dicha proteínam, la cual se sabe que es muy necesaria para el cerebro humana para fabricar membranas y conexiones neuronales, tal y como ha apuntado en los noventa David Horrobin.

• Finalmente, un cuarto ejemplo de evolución relacionado con gener cancerígenos es el caso del equilibrio entre los genes normales que producen compuestos que ralentizan el flujo de nutrientes al feto para favorecer que sólo los niños fuertes nazcan y así la madre no gaste un exceso de energía en los débiles, frente a los genes cancerígenos correspondientes que permiten al feto superar esta estrategia. Así, la capacidad de favorecer la angiogénesis y el crecimiento agresivo es útil tanto para formar una placenta como para el crecimiento de un tumor. Así, hay genes cancerígenos que secuestran a los normales cuya función es la construcción de la placenta más eficaz, resultando que la evolución en definitiva da posibilidades a las células cancerígenas apoderarse del cuerpo. A pesar de que la activación de estos genes pueda aumentar la potencia de un cáncer de ese tipo, para la evolución puede ser mejor favorecer el crecimiento del individuo hasta unos 60 años aunque luego en su vejez los genes de cáncer actúen.

 

Así, aunque existen oncogenes (genes productores de cáncer) de evolución rápida, Bert Vogelstein, del Instituto Médico Howard Hughes estima más útil estudiar el cáncer desde un punto de vista evolutivo. Es posible que el estudio de la evolución del cáncer arroje información sobre su posible erradicación. Un caso modelo para esto es del papilomavirus humano, causante de más de la mitad del millón de cánceres de cérvix de útero anuales. Hay que apuntar que en EEUU el 17% de cánceres (más de 1,8 millones) están causados por virus o por otros agentes infecciosos. El papilomavirus constituye una extensa familia de virus presentes en vertebrados que causan diferentes efectos como verrugas, tumores benignos y también el cáncer maligno de útero. Esta última variante presenta una coevolución paralela a las diferentes ramas de Homo sapiens según se sabe desde 200.000 años, incluso en África, desde donde se extendión junto con su especie hospedante, a otros continentes. Estudios evolutivos recientes revelan que los tipos humanos de papilomavirus han intercambiado genes en casos de ciertos cánceres. Un virus de presencia planetaria, como el VIH, podría favorecer dicho trueque pudiendo originarse una nueva cepa oncogénica que sería inmuine a las vacunas actuales.

Simulación de papilomavirus humano según aparece en el número 366 de Inv. y Ciencia