ESQUIZOFRENIA: INCAPACIDAD DE SENTIR PLACER

Esquizofrenia: incapacidad para sentir placer.

El Mundo, 28 de julio de 2001.

 

     El equipo del español Benedicto Crespo-Facorro del Hospital Universitario de Valdecilla de Santander ha publicado recientemente en la revista The Journal of the American Medical Association (JAMA) un trabajo sobre las alteraciones en el funcionamiento cerebral y la dificultad reaccionar ante los olores en los enfermos de esquizofrenia. Esta terrible dolencia afecta al 1% de la población mundial, existiendo sólo en España 400.000 casos. La enfermedad se manifiesta normalmente o bien en los últimos años de la adolescencia o bien en los primeros de la edad adulta, caracterizándose por un deterioro de las funciones cognitivas como el lenguaje, pensamiento, percepción y emoción, así como por alucinaciones, ideas delirantes y falta de sentido del placer. Esto último, llamado anhedonia o anestesia del placer, fue el objeto de estudio del investigador citado mediante Tomografía por Emisión de Positrones (PET). Escogió el sentido del olfato como motivo del estudio de los circuitos cerebrales alterados porque este sentido está muy relacionado con las estructuras límicas que son el centro regulador de las emociones. Para ayudar en la visualización del flujo sanguíneo en el cerebro que a su vez es signo de la actividad cerebral en los pacientes, expuestos éstos a estímulos de diversos olores, se les inyectaba primero agua marcada el isotopo oxígeno 15. El resultado fue que los enfermos de esquizofrenia eran capaces de reconocer los olores desagradables pero no los agradables.

     La explicación parece estar en el hecho de que las personas sanas utilizan mayoritariamente la parte del cerebro más primitiva, o sistema límbico (núcleo accumbens, ínsula e hipocampo), para reconocer los malos olores y el lóbulo frontal de dicho sistema para los olores agradables. Por el contrario, los esquizofrénicos utilizan la zona frontal del sistema límbico para reconocer todos los tipos de olores, sometiendo a esta zona a una hiperactividad, que conduce a una ineficacia en su función así como a problemas colaterales como la desconfianza o recelo, debidos precisamente a dicho exceso de actividad y representando precisamente un síntoma característio de esta enfermedad.