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BUENAS
MALAS HIERBAS El Mundo, especial Natura nº 23, 8 de marzo de
2008 Las “malas” hierbas,
tal y como se llaman vulgarmente, no son en realidad tan perjudiciales para
el medio e incluso nosotros mismos, sino que en realidad cumplen funciones en
el control de la contaminación, de las plagas, y en la lucha contra la
erosión. Entre las más comunes tenemos unas 300, algunas de las cuales se
encuentran en grave riesgo de extinción a causa de la persecución a la que se
han sometido secularmente. Según De las 250.000
especies de plantas existentes, aproximadamente unhas 7.500 son hierbas.
Entre éstas, el apodo de “mala hierba”
podría identificarse con una planta herbácea, de rápido crecimiento, de ciclo
de vida predominantemente anual y con unas elevadas capacidades de producción
y dispersión de semillas. A pesar de lo
dicho anteriormente, algunas de estas consideradas malas hierbas, tienen
imporyantes funciones en el medio, que incluso podrían ser aprovechadas por
el hombre para su provecho, además de ayudar en el mantenimiento del medio
natural. Entre las funciones que podrían destacarase y que figuran en el
gráfico de abajo, tenemos las siguientes: v Muchas de estas malas hierbas
podrían ayudar a colonizar medios alterados o abandonados, gracias a su gran
capacidad de supervivencia y colonización, con lo que ayudarían a incrementar
la fertilidad del suelo. v También son muy útiles para
evitar la erosión en taludes y suelos sin vegetación y con escaso suelo para
el arraigo de otras especies de plantas. Este es el caso de la avena loca (Avena sterilis), la cebada ratonera (Hordeum murinum) y el vallico (Lolium rigidum). v Muchas de estas malas hierbas,
que habitan en sus márgenes de los cultivos, son favorables al medio así como
a las propias plantaciones, gracias a que sirven como fuente de polen y
néctar para insectos adultos (por ejemplo, moscas y avispas) cuyas larvas son
depredadoras de pulgones y de otras especies
parásitas que causan plagas. En esta función podemos destacar la mostaza blanca
(Sinapis arvensis) el ranúnculo Ranunculus arvensis y la hierba de
Santiago (Senecio jacobea). v Algunas especies de malas hierbas
tienen la capacidad de poder acumular en sus tejidos elevadas cantidades de
metales pesados (cinc, plomo, manganeso y cobre), retirándolos así del medio.
Entre estas especies tenemos la acedera (Rumex
acetosa), el carraspique alpino (Thlaspi
caerulescens) y el jaramago (capsella
bursa pastoris). v Una función también
importante de algunas malas hierbas es la de poseer propiedades terapéuticas,
algunas de las que se aproveichan para la elaboración de productos
farmacológicos, como ocurre en el caso de la adormidera (Papaver somniferum) de la que se extrae la morfina, y la vinca (Vinca defformis) de la que se extrae la
vinblastina para el tratamiento del cáncer. v Otra función es la de
constituír recursos genéticos valiosos para la mejora de los cultivos. Pueden
presentar genes favorables para las plantas cultivadas, como por ejemplo el de
la resistencia a una enfermedad o de tolerancia a la sequía. Estas secuencias
suelen ser incorporadas a las plantas cultivadas mediante programas de cruzamiento
o bien mediante técnicas de ingeniería genética. En la actualidad estas
“malas hierbas” están perdiendo su connotacíon peyorativa, de tal manera que
incluso en los países escandinavos y en Alemania existen normativas que hacen
preservar en los márgenes de los cultivos las plantas “malas hierbas”
endémicas que se encuentran en estado crítico de conservación. |
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Beneficios de las malas
hierbas |