EL ARAL MUERE, VIVA EL PETRÓLEO

El País de los Estudiantes, 7 de abril de 2008

 

         Hasta el comienzo de la década de los sesenta del siglo pasado, este lago era el cuarto más grande del mundo, con una superficie de 66.000 Km cuadrados y 1.000 Km cúbicos de agua. En él se pescaban anualmente 40.000 toneladas de peces y sus deltas tributarios alojaban docenas de lagos menores, pantanos y una superficie de 550.000 hectáreas de humedales que ahora han desaparecido en casi su totalidad. Así este lago representa uno de los desastres ecológicos más grandes de los últimos tiempos, ocupando el lago en la actualidad la mitad de su superficie original, siendo su volumen de agua una cuarta parte del anterior, y habiendo desaparecido un 95% de las tierras húmedas cercanas a él para convertirse en una zona desértica salpicada de más de 50 pequeños lagos procedentes de los deltas secos. Al no existir este lago en su tamaño anterior, ahora el clima en la zona es más extremo, siendo más duros los inviernos y más áridos y calurosos los veranos.

     Las causas de este desastre son diversas, pudiendo resumirse en las siguientes:

1.- El cultivo del algodón introducido en Asia central por los Zares de Rusia y posteriormente favorecido por los gobiernos de la URSS, siendo aún hoy uno de los principales ingresos de la economía en Uzbekistán. El algodón es un cultivo que exige grandes aportes de agua, lo contrario de las hortalizas que se podrían implantar con sistemas de riego de goteo.

 

2.- El mar de Aral hoy en día está en realidad dividido en tres partes, una pequeña al norte, ya en territorio de Kazajistán, y dos de mayor tamaño al sur, dentro del estado de Uzbekistán. Las dos zonas del sur están siendo explotadas por un consorcio petrolero en busca de yacimientos de hidrocarburos y gas natural. Se calcula que las reservas son importantes, aunque menores que las del mar Caspio, llegando en las estimaciones mayores a una cifra de 500.000 millones de metros cúbicos de gas según la empresa Uzbekneftegaz, aunque otras como Lukoil sólo estiman unas reservas de 200.000 millones.

 

Imagen tomada por un satélite mostrando la degradación del mar de Aral. /AFP

 

Fuente: UNEP y Banco Mundial. /EL PAÍS