LA RADIACIÓN DE LOS MÓVILES, CAUSA DE CÁNCER?

- La Voz de Galicia, 16 de octubre de 2008

- Teléfonos móviles y cáncer cerebral" de Kenneth R. Foster y John E. Mouleder, en Mundo Científico, nº 220 (2001)

 

         Un informe coordinado por la investigadora Elisabeth Cardis y publicado en en el diario Le Soir acaba de publicar un estudio sobre la incidencia de la radiación emitida por los teléfonos móviles en la producción de gliomas, meningiomas, neurinomas y tumores en las glándulas parótidas, es decir, cánceres en el cerebro y en glándulas de la cabeza sensibles a esta radiación. El trabajo reúne datos de 13 países desarrollados y parece probar una relación entre el uso intensivo del móvil y los problemas de salud citados.

     Este problemática ya viene siendo objeto de estudio en los últimos años, siendo uno de los artículos más amplios sobre el tema el publicado en la revista Mundo Científico en el año 2001, de donde se ha sacado el gráfico de abajo en el que se detallanla las longitudes de onda emitidas por muchos de los aparatos electrónicas de uso común así como otros de uso médico, además de señalar sus efectos sobre el cuerpo humano.

Mundo Científico, nº 220 (2001)

 

          En dicho artículo los estudios no pareción aportar pruebas concretas de una relación entre el uso del móvil y los diversos tipos de cáncer cerebral; sin embargo, ya se daba a entender que el dapo podría depender de la cercanía y posición, así como del tiempo de uso. Así, en la siguiente imagende un corte de cerebro humano modelizado por ordenador realizado en la Universidad de Utah, se observa la penetración en los tejidos de la energía emitida por un teléfono móvil de 600 mW que funciona a 835 MHz. Aunque no se le da mucha importancia en el artículo a esta observación, la realidad es que la radiación penetra varios centímetros bajo la superficie de la piel y quién sabe si algo más.

     El problema de los teléfonos móviles viene siendo algo similar al ocasionado por las líneas de alta tensión, aunque en este caso el efecto perjudicial podría ser mayor aún. De nuevo, en este segundo caso, el artículo publicado en Mundo Científico vuelve a quitar hierro al asunto. De hecho en el caso de los móviles, parece ser que el efecto más peligroso es precisamente el causado por la antena de estos aparatos puesto que emite una radiación muy cercana a los niveles máximos reglamentarios permitidos.

     La potencia energética abosrbida por el cuerpo se llama tasa de absorción específica o Sar (siglas del término inglés: specific absortion rate). La comisión federal de comunicaciones de EEUU (FCC) prohíbe rebasar un umbral de 1,6 W/Kg calculado en promedio para un gramo de tejido (un máximo de 1,8 mW/g), mientras que las normas europeas son menos restrictivas y suben dicho nivel hasta los 2 W/Kg calculado en promedio para diez gramos de tejido.

     De momento, se mantiene la confrontación entre los estudios sufragados por las propias compañías como por ejemplo el programa WTR que afirman non encontrar una relación directa entre el cáncer cerebral y el uso de la telefonía móvil, y los que apoyan lo contrario, siendo en esta segunda línea el caso más llamativo el proceso entablado ante un tribunal de Florida por David Reynard quien vio desestimada su demanda de que el uso del teléfono móvil era el causante de la muerte por cáncer cerebral de su esposa.

     Aunque no es en realidad el tema de esta noticia, para el caso de las líneas de alta tensión cercanas a viviendas,hay que destacar la alarma causada por el libro publicado en 1977 por Paul Brodeur en la revista The New Yorker, sobre la relación de la leucemia cauada por las líneas eléctricas de alta tensión. Aunque en 1996 el National Research Council de la Academia de Ciencias de EEUU había quitado importancia a este problema, en realidad ha habida en la década de los noventa numerosos estudios que han intentado demostrar esta relación e incluso han llegado a sentar las bases de su existencia aunque es necesario mejorar los muestreos puesto que en muchos casos estas radiaciones se mezclan con otras existentes en el ambiente, existiendo además el hecho de que muchas familias se niegan a cooperar en las encuestas desfigurando los datos finales. Entre los estudios que defienden el efecto cancerígeno causado por las líneas eléctricas de alta tensión podemos citara al publicado en 1999 por el físico Ed. Leeper y la psicóloga Nancy Wetheimer de la Universidad de Colorado en la revista Journal of Epidemiology; otro trabajo publicado por en Denver en 1988; los dos nuevos libros publicados por el periodista Brodeur en The New Yorker con los títulos Las corrientes de la muerte y The Great Power Line Cover-Up;...

     Aunque la percepción del riesgo se atenúa con la utilidad del objeto y la dificultad de eliminar el problema (como es el caso del campo magnético originado por las líneas de alta tensión cercanas a viviendas), lo más conveniente es aplicar el "Principio de precaución", a la espera de resultados más concluyentes, tal y como dice el informe realizado en el año 2001 por Sir William Steward encargado por el Gobierno británico.