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LOS GRANDES RÍOS DEL OCÉANO Inmensas
corrientes submarinas transportan calor de un lado a otro de
El País, 17 de enero de 2001.
En la imagen
puede observarse el efecto impresionante que produce una gran corriente de
agua oceánica proveniente del norte que, a su paso por La magnitud de estas corrientes submarinas
es enorme en relación a la de los ríos de los continentes. Así, una sola de
estas corrientes, como es la del Golfo proveniente del Caribe, vierte en
Europa 30 millones de toneladas de agua caliente por segundo, frente a sólo
un millón que descargan en conjunto todos los ríos del mundo. Los científicos
están empezando a conformar el gran rompecabezas que unifique a todas las
corrientes oceánicas tanto superficiales como submarinas, llamando al
circuito en su globalidad como "circulación termosalina". Dicho
nombre se debe precisamente al motor que lo origina y mantiene, es decir, las
diferencias de temperatura y salinidad entre diferentes zonas. El agua más
fría y salada, al ser más densa, se hunde hacia el fondo, mientras que el
agua más caliente y menos salada asciende. Las regiones océanicas en las que
el agua se hunde se llaman "fosas", y las dominadas por agua cálida
y menos salina "afloramientos". Por cierto, en los afloramientos,
al ascender gran cantidad de nutrientes del fondo del mar, se favorece la
microfauna y por tanto el asentamiento de los mayores bancos de peces, siendo
así las regiones de mayor riqueza pesquera del mundo. En la figura adjunta se observa
que las fosas oceánicas más grandes de
Ahora surge una gran pregunta: ¿cómo se equilibra la inmensa cantidad de agua
que se hunde tanto en el Atlántico norte como en los alrededores de
Una segunda pregunta se puede hacer: ¿sabiendo que se precisa una gran
cantidad de energía para conseguir mezclar dos corrientes de agua de
diferente temperatura y salinidad, de dónde proviene la energía para esas
turbulencias y agitación en los océanos? Según Gary Egbert, de Sin embargo, todo esto no está cerca de determinarse con toda claridad. De hecho, una de las cuestiones candentes hoy día consiste en la determinación de la variabilidad en el tiempo de dicha circulación submarina. Así, investigando conchas de protozoos foraminíferos del Caribe y calculando la densidad del agua en el momento de su muerte (hace 12.000 años) gracias al espesor de sus conchas, el equipo de Lynch Steglitz (Nature, 9 de diciembre de 1999) descubrió que la "cinta transportadora" de agua en los océanos era mucho menos importante que en la actualidad, posiblemente por un menor hundimiento de agua en los polos. Parece haber, por tanto, dos modelos estables de circulación de corrientes de agua en los océanos: uno como el actual y otro como el de las eras glaciales. Lo que no está claro es cómo se cambia de uno a otro. Además, preocupa enormemente la transición al modelo glacial, lo que implicaría que el planeta, especialmente el hemisferio norte, se sumiría en período de frío de al menos 30 o 40 años con rachas de vientos fríos procedentes de Groenlandia.
En el futuro, se están haciendo predicciones, basadas principalmente en el
análisis de los nutrientes (fosfatos, nitratos, carbono) de la superficie,
para determinar los afloramientos y las fosas, complementados por la
composición mayor o menor del agua en carbono 14 (teóricamente mayor en
superficie, al estar en contacto con la atmósfera, que es donde se forma este
isótopo del carbono). También se ayudan los investigadores de la observación
de la superficie por el satélite franco-americano Topex-Poseidon. Con todo
ello, se ha llegado a la conclusión de que el ciclo completo se desarrolla en
unos 1.000 o 1.500 años, pudiendo disminuír dichas corrientes hasta el paro
total en las épocas glaciares. Sin embargo, últimamente el estadounidense
Wallace Broeker (Science, 5 de noviembre de 1999) rechazó una variación tan
extrema, al sugerir un menor hundimiento de agua en torno a |