EL EJERCICIO FÍSICO AYUDA A PACIENTES CON CÁNCER

The Scientist, 1 de abril de 2020

Bente Klarlund Pedersen is a professor of integrative medicine at the University of Copenhagen and a specialist in infectious diseases and internal medicine at the university’s Rigshospitalet hospital. She directs both the Centre of Inflammation and Metabolism and the Centre for Physical Activity Research.

     Para combatir el desgaste muscular, enfermos de cáncer comenzaron el programa intensivo de entrenamiento físico ofrecido a pacientes con cáncer en el Hospital Universitario Rigshospitalet de Copenhague. El programa consta de sesiones de 3.5 horas de resistencia combinada y entrenamiento aeróbico, cuatro veces por semana durante seis semanas. Pacientes voluntarias siguieron este programa, a pesar de parecer contradictorio con el cansancio propio de la quimioterapia El entrenamiento intenso y duro, a pesar de las náuseas que produce normalmente una  quimioterapia estricta, algunos pacientes no fueron hospitalizados, no adquirieron infecciones y no desarrollaron linfedema (típica fallo del sistema linfático) que comúnmente ocurre después de una cirugía de cáncer de seno y conduce a la hinchazón de las extremidades).
     Para explicar esto es conveniente saber que el músculo puede secretar
moléculas proteicas que lo ponenmuestran como una verdadera glándula secretora de factores con efecto autocrino, paracrino y endocrino: se trata de las llamadas mioquinas (MQ). Así por caso, se le atribuyen a estas MQ, en general, un control sobre el metabolismo muscular, en la inflamación y sobre la producción de mitocondrias y nuevos capilares, entre otras acciones. Pero tambiénse sabe que participan directamente sobre el crecimiento muscular, sobre diferentes patologías y en el envejecimiento.
     Varias mioquinas se liberan solo durante el ejercicio, y algunos investigadores han propuesto que estas mioquinas dependientes del ejercicio contribuyen a los innumerables efectos beneficiosos de la actividad física para todas las personas, no solo para los pacientes con cáncer.
     El ejercicio físico se está integrando cada vez más en la atención de pacientes con cáncer poe está acumulando evidencia de que el ejercicio mejora el bienestar de estos pacientes al combatir el deterioro físico y mental que a menudo ocurre durante los tratamientos contra el cáncer. Lo más notable es que estamos comenzando a comprender que el ejercicio puede combatir directa o indirectamente el cáncer en sí.

     Una cantidad creciente de investigaciones epidemiológicas indican fuertemente que el entrenamiento físico puede reducir el riesgo de cáncer, controlar la progresión de la enfermedad, amplificar los efectos de la terapia contra el cáncer y mejorar la función física y los resultados psicosociales. Por ejemplo, un
estudio de 2016 de más de 1.4 millones de personas en los EE. UU. Y Europa encontró que las personas podrían reducir su riesgo de cáncer con un entrenamiento de ejercicio moderado a vigoroso en el tiempo libre. El fenómeno se mantuvo en varios tipos de cáncer diferentes, incluidos los de mama, colon, recto, esófago, pulmón, hígado, riñón y vejiga.

cabeza y cuello. Y los resultados combinados de aproximadamente 700 ensayos únicos de intervención de ejercicio, que involucraron a más de 50,000 pacientes con cáncer en total, dejan pocas dudas de que los pacientes se benefician de la actividad física, mostrando mejoras tales como la reducción de la toxicidad del tratamiento contra el cáncer, la disminución de la progresión de la enfermedad y una mayor supervivencia. Los mismos estudios mostraron que el entrenamiento físico mejora el estado de ánimo, disminuye la pérdida de masa muscular y ayuda a los pacientes con cáncer a volver a trabajar antes de un tratamiento exitoso. Algunos estudios muestran que 150 minutos por semana de ejercicio moderado casi duplican las posibilidades de supervivencia en comparación con pacientes con cáncer de mama que no hacen ejercicio durante el tratamiento.
Cientos de estudios en animales, realizados durante décadas, sugieren que el vínculo es probablemente causal: en ratones y ratas, el ejercicio conduce a una reducción en la incidencia, la tasa de crecimiento y el potencial metastásico del cáncer en una gran variedad de modelos de diferentes humanos y murinos tipos de tumor Pero cómo el ejercicio ayuda a combatir el cáncer es un poco como una caja negra. El ejercicio puede mejorar la eficacia del tratamiento contra el cáncer al estimular el sistema inmunitario y atenuar así la toxicidad de la quimioterapia y la inmunoterapia. También es probable que los pacientes con cáncer se beneficien de las propiedades generales de promoción de la salud de la actividad física, como el metabolismo mejorado y la función cardiovascular mejorada.

    De lo anterior se deduce la importancia de descubrir los mecanismos por los cuales el ejercicio induce efectos anticancerígenos. Dicha investigación también podría potencialmente resaltar nuevos objetivos terapéuticos. Independientemente de la naturaleza del entrenamiento. El entrenamiento a largo plazo se ha asociado con una reducción en los niveles sanguíneos de factores de riesgo sistémicos, como las hormonas sexuales, la insulina y las moléculas inflamatorias. Sin embargo, hay que precisar queeste efecto sólo se ve si el entrenamiento físico va acompañado de pérdida de peso, y los investigadores aún no han establecido vínculos causales directos entre el entrenamiento físico regular y las reducciones en los niveles basales de estos factores de riesgo. Adicionalmente a esto, el efecto anticancerígeno del ejercicio también podría ser el resultado de algo que ocurre durante el ejercicio, momento en el cual  sabe que los músculos liberan picos de varias hormonas y otros factores en la sangre.

 

     Además de actuar directamente sobre los tumores, se sabe que las mioquinas liberadas durante y después del ejercicio movilizan las células inmunes, particularmente las células NK (del inglés Natural Killer), asesina natural o célula asesina, que es un linfocito, del sistema inmunitario innato para la defensa del organismo).

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Para más información leer el artículo de la referencia o el post de Bente Klarlund Pedersen en la revista The Scientist citado arriba.

Referencia

Steven C. Moore, PhD, MPH; I-Min Lee, MBBS, ScD; Elisabete Weiderpass, PhD; et al.: Association of Leisure-Time Physical Activity With Risk of 26 Types of Cancer in 1.44 Million Adults. JAMA Intern Med. 2016;176(6):816-825.